19/03/2025
5 min lecturaEl Institute for Economics & Peace ha publicado la duodécima edición del Índice Global de Terrorismo 2025 (GTI). Este documento, de publicación anual, presenta las tendencias globales del terrorismo mediante el análisis de múltiples factores, como son el número de incidentes, fallecidos, heridos y secuestrados, para, en función de estos datos, unidos a la información socioeconómica y la situación de los conflictos abiertos o latentes, mostrar una visión integral del terrorismo y proporcionar un resumen de las principales tendencias y patrones globales del fenómeno durante el periodo 2024, así como su evolución teniendo en cuenta los datos de la última década.

En este sentido, el Índice Global de Terrorismo 2025 destaca varios hechos relevantes vinculados al incremento de los países afectados, los actores solitarios, el protagonismo del Estado Islámico y sus filiales, la situación en la zona del Sahel, el aumento de los discursos de odio y la radicalización y, finalmente, el uso de la tecnología.
El número de países que experimentaron, al menos, un incidente terrorista, en 2024 se eleva a 66, frente a los 58 países en 2018, cifra máxima constatada hasta este momento durante el periodo analizado. Este hecho, se atribuye al mayor número de conflictos abiertos en el mundo, lo que supuso una cifra máxima desde la II Guerra Mundial. Con relación al número de fallecidos por atentado terrorista, se ha observado una reducción con respecto a 2023, año en el que se había incrementado considerablemente al contabilizar los atentados perpetrados por Hamás en Israel. A este respecto, cabe destacar que, si descontamos esa circunstancia, el número de asesinatos se mueve en parámetros similares.
Otro hecho destacable es el aumento en los países occidentales de actos perpetrados por actores solitarios, individuos sin vinculación orgánica a ningún grupo terrorista y, generalmente, autorradicalizados, destacando, entre ellos, los protagonizados por menores. En este sentido, el GTI muestra, por una parte, que Alemania es el país europeo que ha constatado un mayor número de ataques; y, por otro, que el 42% de los arrestados por terrorismo en el Reino Unido eran menores de 18 años.
El Estado Islámico (Dáesh) y sus principales grupos vinculados como el Estado Islámico en la Provincia de Khorasan (ISKP), principalmente, y el Estado Islámico en el Gran Sáhara (ISGS) se mantienen como las organizaciones más activas y letales, operando como una red global en múltiples regiones de Oriente Medio, África, Asia y Europa.
El Dáesh mantiene una intensa actividad en Siria, hecho que se ve favorecido por la actual situación política del país y el repliegue de los contingentes militares internacionales.
El ISKP ha podido incrementar el número de sus militantes y de sus acciones hasta convertirse en uno de los grupos más activos a nivel mundial, ampliando su presencia desde Pakistán y Afganistán a Irán, Rusia y toda Asia Central. Este hecho se ha visto favorecido por el uso de las diferentes lenguas regionales e internacionales para contactar a través de las redes sociales con potenciales simpatizantes y para instruirles en tácticas, técnicas y procedimientos para la selección de objetivos, adquisición de armas o acciones terroristas.
El ISGS, aunque más debilitado durante los últimos años —en 2024 las muertes atribuidas a este grupo han disminuido un 46% al perder parte del control que ejercía en ese territorio—, sigue constituyendo una importante amenaza, especialmente en el África Occidental.
El Sahel es la zona con un mayor incremento de los atentados y del número de víctimas provocadas por los mismos. Burkina Faso, Níger y Malí siguen siendo el epicentro de dichos ataques, destacando expresamente que Burkina Faso es el país más afectado a escala mundial en cuanto al número atentados terroristas y de fallecidos vinculados a estos.
La inestabilidad institucional exacerbada por los constantes golpes de Estado, la retirada de estos países de la CEDEAO y el establecimiento de vínculos securitarios con Rusia, tras el alejamiento de los países occidentales, ha facilitado la expansión de los grupos terroristas. Además, la competencia por los recursos naturales, especialmente el oro y el uranio, también ha jugado un papel en relación al incremento de la inestabilidad y el aumento de la violencia en la zona.
El Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (JNIM), vinculado a Al Qaeda, controla grandes áreas de estos territorios y se ha establecido hegemónicamente en ellos, desplazando a otros grupos yihadistas hacia países más occidentales.
El GTI también dedica un espacio significativo para destacar el incremento de los delitos y los ataques de odio contra las comunidades judía y musulmana tras la situación en Gaza y los ataques de Hamás en Israel. En EEUU, los delitos contra la comunidad judía aumentaron en un 270% y los incidentes de islamofobia en un 300%, tendencia que también se ha constatado en Europa y Australia.
Finalmente, se destaca el incremento del empleo de la tecnología, especialmente de la Inteligencia Artificial (IA), por parte de distintos actores y grupos terroristas, lo que facilita su expansión a través de la creación de nuevos contenidos, muchos de ellos personalizables; la preparación de ataques mediante la selección de objetivos o la planificación de operaciones.
En el otro fiel de la balanza, el GTI también destaca que estas capacidades técnicas también ofrecen ventajas para que las agencias de inteligencia puedan mejorar sus capacidades y permitan una más rápida detección, identificación o prevención, así como la creación de contranarrativas.
En conclusión, el GTI destaca que, en 2024 el terrorismo ha continuado siendo una amenaza global y persistente, marcada por patrones cambiantes y en clara expansión geográfica.fica.